La sexualidad puede resultarnos un poco compleja, ese es su encanto; que nos descubrimos continuamente experimentando sensaciones y emociones que nos sorprenden. Muchas veces nos enfocamos únicamente al momento ‘incólume’ del arrancamiento de ropas, los prolegómenos, el coito; y pocas le damos foco al post coito. A todo eso que pasa por nuestra cabeza y relación cuando la sesión se dio por finalizada. Este suele ser un momento de análisis. Digo, relativo, tampoco sacamos el pizarrón para hacer un diagrama de flujo pero sí suele generar un poco de espacio mental en alguna o ambas partes para valorar cómo se dieron las cosas, desde el rendimiento, las sensaciones, si surgen molestias o hay una gran sensación de gozo. Nos escaneamos por así decirlo. De manera personal o a la pareja o compañero(a) sexual.

En los últimos años se han estudiado los síntomas físicos que pueden presentarse como, el decaimiento o cansancio -los cuales se perciben de lo más común, por la obvia actividad física-,o  por qué los hombres se quedan dormidos después del sexo, el POIS o post orgasmic illness syndrome, algo así como ‘síndrome de malestar post orgásmico’ , y la depresión post coital o tristeza femenina post coital.

El origen o causa de este última sigue en incógnita pero tras varios estudios, entre ellos los de Robert Schweitzer del Queensland Institute of Technology han descubierto que un tercio de las mujeres de su muestra padecen dicha sensación de tristeza, melancolía o irritabilidad después de tener relaciones sexuales. Claro, mucho tendría que ver con cada historia, con la calidad o situación de cada relación de pareja pero también pudiera relacionarse como química hormonal o con desbalances de ciertas sustancias que se dan tras el coito. ¿Les ha pasado?

 

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