Cuando terminamos con alguien el verdadero dolor no surge por la ausencia de ESA persona, sino porque se lleva la imagen que creamos de nosotros mismos. Por eso duele tanto, porque nos perdemos de vista. No sólo extrañamos su presencia, sino quiénes éramos cuando estábamos con él o con ella. Por lo regular porque no sabemos estar con nosotros, porque alguien más nos viene a poner en contacto con nosotros. Cuando se va, no nos encontramos. Es como un ejercicio de espejo, esa persona se convirtió en nuestro reflejo y ahora vemos la imagen vacía. A muchas mujeres les pasa eso con los hijos y cuando éstos se van se sienten más vacías que nunca.

De eso se trata el duelo, de reinventarnos realmente estando a solas y dejándonos sentir la pérdida. Un beso a quienes están en este trance. Feliz sábado.

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