En los grupos de Tarahumaras, la muchacha nunca expone su cuerpo después de los seis años de edad; aun casada, no se quita la ropa frente al marido y hace el amor vestida. La reserva frente a las experiencias sexuales se rompe en las tesgüinadas, donde el jóven puede entablar comunicación y contacto con la chica y es una forma aceptada de iniciación libre.

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