Bueno, me tardé un poco con las soluciones para un corazón roto, pero aquí están. Como saben el efecto físico producido por la serie de sustancias provoca en nosotros una especie de síndrome de abstinencia pero no pueden dejarse de lado las emociones, el ángulo humanista, el más complejo. Como efecto de nuestro instinto de conservación huimos al dolor. Nadie -salvo que sufra de ciertos trastornos- ama sentir dolor, depresión, angustia. Por ende en cuanto se nos rompe el corazón la primera reacción es huir, escaparnos de la sensación. Sé que suena un poco utópico pero debiéramos ‘aprovechar’ esa etapa, sí, reconocerla como una herramienta de autoconocimiento y reflexión. Nunca nos conoceremos mejor que cuano estamos al límite. Nunca aprendemos más de nosotros ni de nuestra capacidad para sobreponernos. Igualmente tenemos la oportunidad de analizar qué tipo de pareja somos, qué tipo de pareja buscamos, los patrones que seguimos. Fallas, responsabilidades no asumidas, capacidad para perdonar, perdonarnos. Un universo de maravillas dentro de nosotros.

Claro, nos podemos ‘echar la mano’. Tampoco se trata de que nos encerremos en un ashram a meditar todo el día y desmenuzar nuestro dolor para entenderlo. Hay que buscar actividades y situaciones que nos ayuden a relajarnos, que precisamente van a mitigar todo el efecto químico y hormonal que nos está jeringando. Produzcan endorfinas, sí actúan a nivel cerebral muy parecido a la morfina, por lo tanto nos ayudan a contrarrestar efectos depresivos. Hagan ejercicio, coman chocolates (que además contienen feniletilamina), escuchen música que amen, inúndense de imágenes agradables, hablen de cómo se sienten, pero dejen ir. No se enrosquen mentalmente todo el día en el mismo monólogo quejumbroso con respecto a su situación. Poco a poco el cerebro se va readaptando a la dosis perdida.

Sentirse mejor está en fomentarlo, no llega el hada e Cenicienta con su ‘chalchicomula bibibidi babibidi bu’ y se sentirán mejor. Olvidar es un mito, es imposible olvidar, simplemente se recuerdan las cosas o personas sin la carga emocional que nos lastimaba. Y dejar ir a alguien en un proceso que requiere de mucho amor a uno mismo, respeto y paciencia. Ténganselos. Reescuchen el podcast de ‘Dejar ir’, en esa ocasión tuvimos una especialista bárbara. Dejen ir. Y ‘fabriquen’ sus mitigantes.

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