Existen diversas modalidades de fiestas con propósitos sexuales de acuerdo a intereses, gustos o expresiones comportamentales, según numerosos autores –y aunque este tipo de celebraciones datan de tiempos ancestrales, desde antiguas civilizaciones, clanes y culturas- en las últimas décadas han tomado mayor fuerza. En realidad, digamos, gozan de mayor apertura, se han apoyado en el ciber espacio para hallar mayores adeptos pero nunca han dejado de existir. Simplemente muchos creen que el estilo de vida swinger es medianamente reciente cuando comenzó, según se cree, desde finales de la Segunda Guerra Mundial, con las Key Parties.

Las fiestas entre hombres con orientación homosexual donde algunos se trasvisten y se dan diferentes juegos por la obvia carga homofóbica se mantenían casi como sociedades secretas o se instalaban en zonas rojas con accesos muy limitados como el famoso Baile de los 41. El cual, se hizo tan famoso: en noviembre de 1901 se realizó una redada a una casa particular donde un grupo de 41 hombres –entre los cuales 19 estaban travestidos- llevaban a cabo un baile con toda pompa donde tenían contacto erótico y sexual. Un oficial los observó desde afuera y avisó a la comandancia, quienes se presentaron a detener lo que llamaban un acto de inmoralidad, de ‘pervertidos’ y ‘lagartijos’. Fueron castigados con la cárcel y trabajos forzados.  Se presume que los asistentes eran miembros de la alta sociedad por lo que muchos compraron su libertad y la lista nunca fue revelada. Este hecho derivó en un escándalo de prensa llamado ‘El Baile de los 41’, se prestó a sátiras, rimas, caricaturas y chisme. Desde entonces, según el historiador Francisco Urquizo en diversas crónicas, “En México el número 41 no tiene ninguna validez y es ofensivo […] La influencia de esa tradición es tal que no hay en el ejército, División, Regimiento o Batallón que lleve el número 41. Llegan hasta el 40 y de ahí se salta al 42”. Curiosamente, se rumoró que en realidad los invitados sumaban 42, el participante a quien se dejó huir era yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier.

En fin, hoy en día hay otras modalidades como los T-rooms , un anglicismo utilizado comúnmente en la comunidad LGBT para referirse a un lugar ya sea una fiesta o un club donde se tiene sexo anónimo. La mayoría incluye únicamente hombres y hay diversas modalidades de los mismos: exclusivamente orales, otras donde se permite la penetración, interacción vouyeurista (participar sólo viendo), la masturbación, hacer tríos, y en el caso más riesgoso, el sexo sin protección o bareback con el fin de hacerlo más “extremo”). Este último en México es conocido como ‘Fiestas a pelo’.

Pero existen numerosas celebraciones heterosexuales además de las diferentes variedades o dinámicas swinger y cuartos oscuros heterosexuales, tales como

>Clubes sadomasoquistas. Se arman juegos de roles de obediencia y esclavismo sexual. Casi siempre un participante es inmovilizado y amordazado mientras uno o varias dominatrix le aplican todo tipo de torturas eróticas.

> Masturbatones. Lo único permitido es autoestimularse y observar a los otros hacerlo.

>Grupos de Masaje erótico. Se instalan en edredones o alfombras suaves y la diversión consiste en turnarse unos con otros a darse masajes en todo el cuerpo; si gustan, con su respectivo ‘final feliz’. No se permite la penetración pero sí la estimulación genital.

>Celebraciones Místicas. Buscan la ritualística y la comunión con las fuerzas universales representadas por el dios y la diosa a partir de la unión sexual. Se invocan deidades como la Madre Tierra y su fin –al menos de origen- no es lúdico sino espiritual. Algo parecido a la ‘orgía’ a la que acude Tom Cruise en ‘Eyes Wide Shut’ del fallecido genio Stanley Kubrick. Claro, la mayoría de éstas se han desvirtuado.

Otras fiestas con tonos ‘sexuales’ o más bien, relativos a la sexualidad se han celebrado de manera especial. Por ejemplo el pueblo apache rinde un culto amoroso a las chicas que comienzan a menstruar. Al suceder, realizan la ‘ceremonia del amanecer’ o na’ii’ees: durante cuatro días se celebra la unión de la chica con la Madre Tierra a través de danzas, cantos, ritos sagrados y regalos; es pintada de blanco y con arcilla para que la bendición de la tierra caiga sobre ella. A partir de ese momento a la mujer se le considera poderosa y bendecida por su fertilidad. Una verdadera fiesta que hasta la fecha es honrada en las reservaciones de indios americanos.

Los nativos rusos, un lugar donde pervive el chamanismo de origen femenino más antiguo, reconocen la llegada de la menstruación como el momento en que una mujer puede vivir  goce del sexo, el orgasmo como un modo de iluminar la conciencia y expandir la energía –aun cuando la actividad sexual sea en soledad. Creen que la sangre menstrual es la única que el cuerpo expulsa sin ningún acto de crueldad ni heridas y es una representación de un reinicio de ciclo cada mes. Esta sangre es sagrada para quienes adoran a la diosa (la Tierra) y se la ofrendan. Se celebra con una fiesta tradicional celta para dar inicio a un período de profunda sensibilidad en el que las mujeres estarán más perceptivas que nunca para consultar oráculos y confiar en las visiones y la intuición; un don femenino. Suponen que la Madre Tierra devuelve a sus mujeres la energía a través de la vulva por lo que danzan desnudas sobre los campos sembrados para fertilizarlos.

Cada fiesta depende de sus integrantes, el resto y la regla de oro de la sexualiad ‘No me hago daño a mí, no hago daño a mi pareja, no hago daño a terceros’, emocional y físico. ¿Qué tal? ¿Organizarían una?

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